El avión de la aerolínea Varig acaba de aterrizar hace una hora. Los cientos de reporteros de la prensa y televisión locales esperan en medio de una tensión nunca antes vivida. Las chicas japonesas han llegado vestidas con su traje de gala, con el kimono, todas buscarán a que el Diós las mire y eso será suficiente para ser felices. Transcurren dos horas y la tensión está al tope, y de pronto, dentro del mar humano, surgen las primeras interrogantes del qué estará sucediendo en la garita de control de pasajeros.
Yo tuve el privilegio de estar esa tarde, justo entre los que se disponían a formar su cola para ingresar a Japón. Venía de Chile, y me quedé mudo cuando ví a la selección argentina con Diego Armando a la cabeza, caminando hacia la formación para el control respectivo. Los asistentes de la selección llevaban una bandera argentina bien grande y que en ese momento era en el centro de atención de todo el mundo. Como pude hice lo imposible para "colarme en la cola", y estar lo más cerca de Maradona. Logré estar a unos escasos seis metros de él, justo en la fila lateral de donde estaba yo.
Así llegó el momento de Diego Armando, sacó su pasaporte y se lo mostró al oficial del control. Este apenas lo miró, y se quedó por unos instantes, mirando y revisando lentamente el pasaporte antes de introducirlo en la máquina registradora. Luego, cuando parecía que iría a tomar el sello para estampar su visa de visitante temporal, éste salió de su butaca abruptamente al ver un indicativo en la máquina y se dirigió al interior. No pasó un minuto y volvió para decirle a Maradona: "sumimasen...anata ne hairu dekinai desu...moshiwake godaimasen". El pelusa escuchó y celebró con una leve sonrisa lo que para él , en ese momento, le parecía un saludo a su envestidura, un elogio inoportuno. Esperaba su pasaporte pero el oficial se lo puso en la mano así nomás. La chica traductora de Maradona que acababa de llegar estaba desorientada sin saber qué decir cuando el "pelusa " le dijo: "creo sabes... no necesito ni sello ni nada, vamos ", le dijo , pero otro oficial alto y corpulento le salió al frente impidiéndole el paso y con delicadeza le dijo: "sumimasen...kaete kudasai". Y nuevamente el "pelusa" sonrió, pero en su mirada ya estaba hecho un demonio enfadado. No quería más elogios, quería avanzar y salir del aeropuerto. Todo el mundo en ese instante estaba petrificado de asombro por lo que estaban cometiendo contra el Dios de la redonda. Y yo estaba atento al desenlace final con cámara en mano.
La traductora reaccionó, hablo con el oficial y volteó y le dijo a Diego "dicen de que no puedes entrar a Japón por problemas personales".
Diego estaba furioso, a punto de estallar pero se contuvo y le dijo :" pero decidle...que soy Diego Armando Maradona, el dios del fútbol mundial ...así de simple". La chica fue inmediatamente y le dijo así al oficial quién le respondió " sonna koto shiranai desu".
La traductora ya estaba en un pin pon coloquial sin saber qué hacer, cuando un asistente del "pelusa" entonces, saltó de la cola y con una pelota de fútbol comenzó a hacer pataditas en medio del aplauso mientras le decía al oficial " su máquina debe estar malograda, el es Diego Armando Maradona, el que le hizo un señor gol a los ingleses ¿no lo recuerda?!" le emplazó. El oficial, que hablaba con seguridad todos los idiomas menos el español exclamó ¡¡¡stop stop stop!!!...kaete o maewa!!!.
Se hizo un tumulto para esos dos minutos que habían transcurrido, la atención estaba paralizada, y entonces el "pelusa" le gritó a su traductora "¡¡Decidle a este boludo que no estoy para bromas oyeee!!!". Maradona no entendía nada de lo que había escuchado hasta ese momento. La chica forzada de esa manera se dirigió al oficial y le suplicó de que le selle su pasaporte por favor que quería ingresar y seguir, y porque al día siguiente tendría que jugar un partido amistoso con la selección japonesa. Sin embargo , esta vez el oficial le gritó rompiendo su cortesía: ¡¡¡Muri desu!!..¡¡¡kaete kudasai!!. La traductora explicó tal y cual dicha respuesta a todo el elenco argentino y esto corrió como reguero de pólvora que remeció todo Narita y en pocos segundos, todas las cadenas noticiosas del mundo lo estarían difundiendo. Yo estaba cerca al asistente de Maradona, quién corrió a una cabina telefónica para llamar al Presidente de su país, para pedirle de que llame al Emperador si es posible, a fin de que el Dios del fútbol ingrese a Japón. No me consta, pero dice de que así ocurrió, el Presidente de Argentina conmovido por tal impase llamó a su majestad el Emperador, y de que éste llamó finalmente al oficial, y nuevamente, a través del fono, se le escucharía decir "Sore wa muri desu".
En ese momento estonces, la selección argentina el pleno decidió cancelar su visita y dio media vuelta y logró alcanzar , esa misma tarde, el cupo necesario para volver a casa. Primero era la solidaridad incondicional con su estrella, con el "pelusa", endiosado por unos, y satanizado por otros, a raíz de un problema que tuvo cuando estuvo de paso por Italia, y fue envuelto en una denuncia por consumo de drogas, y que en este caso, los japoneses, no se lo perdonan en nadie que quiera ingresar a su casa. Si yo fuera oficial, creo que haría lo mismo. Pero este ya es otro tema.
En honor a la verdad, en este yasumi del shogatsu estuve en Tokyo de visita en casa de unos amigos argentinos. Tenia que motivarlos, y por eso les narré imaginariamente lo que pudo haberse suscitado. Ellos, disfrutaron de mi relato, me dijeron que tenía pasta de novelista, mas me recordaron de que la selección argentina en ese año, en efecto, mientras esperaba en su país la visa respectiva, y que cuando se enteraron de la negativa para con el "pelusa", decidieron no viajar a estas islas en solidaridad con su máxima estrella.
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