Busco a los míos, pasan los segundos y de pronto ¡¡¡ tío ERNESTO!!!...me llama un joven desde lejos que viene hacia mí.. ¡¿CLEMENTE?! Pregunto, "SI TÍO SOY YÓ...", contesta eufórico. A él lo dejé de cinco años, ¡cómo pasó el tiempo!, nos abrazamos mientras mis ojos se llenan de lágrimas. Mis padres, como muchos que veo felices ahora, no han llegado, ellos se fueron de este mundo mientras trabajaba en Japón, ¡qué triste es la vida sin ellos!. Mi sobrino se contiene y en voz quebradiza me dice : "Ánimo tío, sé fuerte que ellos te protegen desde donde están.". No hay nada que hacer, la vida es así, saco fuerzas, quiero estar como el resto, alegre, pero es imposible, imposible. Así subimos a un taxi hasta llegar a casa. Así me dormí, con mi dolor de buen hijo que fui. Al día siguiente, quería ir a dar una vuelta por la Plaza de Armas. Quería caminar y ver que había cambiado. Quería volver a vivir mis días por esas avenidas cuando paseaba con mi mamá. Quería reencontrarme con todo.
¡Baja en puente!... grita el cobrador del colectivo que nos ha traído hoy en un viaje desde el cono sur .Se detiene y bajamos debajo del puente Trujillo, a espaldas de la plaza de Lima. Ya es de tarde, y mientras avanzamos, las calles se van estrechando por la cantidad de vendedores ambulantes y entonces, este ambiente, me traslada en un segundo a mis tiempos, cuando tenía la edad de mi sobrino y trabajaba vendiendo zapatos. A él le pido por ello, ir primero por ese lugar a dar una vuelta. Llegamos al sitio, y parece mentira, allí continua el lugar de los calzados, con la diferencia de que ahora hay puestos de venta, ya no se vende sobre cajas y encima de la vereda como lo hacía yo. Veo "huachimanes" particulares por todos lados, antes nadie los necesitaba.”Espantan a los ladrones...", me dice mi sobrino. “Cuando tu naciste - le explico- aquí trabajaba hasta las nueve de la noche y en el día estudiaba “.Me escucha en silencio, no sabe qué decir, fueron otros tiempos que no vio . Luego, nos apuramos porque voy a comprarle su ropa deportiva y un par de zapatillas, y por ello, decidimos ir al jirón de la Unión al borde de la oscuridad. Recorremos una y otra tienda hasta que por fin, adquirimos lo que a él más le gusta y está tan feliz como yo. Agarra fuerte su paquete y lo cobija sobre su pecho. Ya es de noche, y el trajinar de la gente ahora es veloz, casi al compás del fuerte y frio viento que sopla mientras los letreros luminosos comerciales se encienden. De pronto, empiezan ha aparecer seres que casi nos cierran el paso. Sí, son mujeres con niños en las espalda, uno que otro anciano, jóvenes y niños y niñas de toda edad. Todos venden lo que sea. Ofrecen desde un perro mascota, un reloj, cosméticos, una pelota de fútbol usada, y cuanta baratija más y a un precio que dicen ser el más barato. "Tío... camina y no hagas caso" me reclama mi sobrino mientras continuo observándolos. Sin embargo, mi tranquilidad se interrumpe abruptamente. “SEÑOR... CÓMPRAME MI FRUNA POR FAVOR... NO SEA MALO...LLÉVESE UNA FRUNA SEÑOR POR FAVOR”.
Es la voz suplicante de una niñita que ha aparecido por mi lado e implora mi ayuda. Viste rotosamente, tiene el cuerpo escuálido, los cabellos desarreglados, no lleva medias y tiene puesta unas sandalias viejas color del piso negruzco y me mira fijamente. He volteado, y no he podido quitarle la mirada mientras continua rogándome para que le compre sus dulces. Mi sobrino se percata y me apura diciéndome " VAMOS TÍO...EN CASA NADIE NECESITA DULCES”. Me jala del brazo y nos apuramos en busca de un taxi. Hemos avanzado unos metros pero no puedo seguir más. Volteo y diviso a lo lejos a la niñita en medio de la muchedumbre. Es como una criatura, una especie, la más inofensiva dentro de esa selva inhumana que tiene una sola ley: LA DEL MÁS FUERTE SOBRE EL MÁS DÉBIL. Me lleno de rabia por su desamparo, su desgracia, su hambre, el frío que debe sentir, y pido a mi sobrino me espere y retorno a su encuentro. Llego y le pido me venda toda su caja de frunas preguntándole por su precio. Se asusta, no me cree, y sus ojos brillan sabe Dios si de felicidad o tal vez, reza para que lo ayude por estar ante un enfermo mental. Pero no, se repone y me mira de pies a cabeza y entonces responde, “QUINCE SOLES SEÑOR” ." BUENO TE LO COMPRO TODO", le repito sonriéndole y saco de mi bolsillo dos billetes de diez soles y se lo doy. Me recibe, tiene que darme un vuelto, unos soles que no tiene, mira a todos lados, busca que alguien lo sencille, teme que me desanime y ya no quiera su mercadería, pero yó, para devolverle su alegría ahora tomo su caja de frunas diciéndole. "TE REGALO EL VUELTO... QUÉDATE CON ÉL, ES PARA QUE TE COMPRES ALGO Y COMAS ESTA NOCHE... ¿YÁ?", le sonrío y me despido de ella . Se queda muda, quizás nunca vivió algo parecido, pero llega a exclamar ¡GRACIAS SEÑOR!. Mi sobrino esta conmovido y así decidimos regresar. Quiero caminar pero no puedo, no estoy conforme, algo falta, me duele el alma , y estoy enfurecido de ira y repugnancia cuando pienso en esos miserables de saco y corbata en el poder, que antes de llegar a donde están, van a los barrios más pobres para cargar a un niño cualquiera prometiéndoles , QUE SI SON ELEGIDOS, LO SACARAN DEL OLVIDO Y DE LA MISERIA A TODOS. ¡QUÉ MENTIROSOS, MISERABLES E INMORALES! Sí, mi sobrino tiene razón, ya no hay niños en casa para esos dulces y doy media vuelta, y retorno ante la niñita que no me quitaba la mirada a lo lejos. Estaba con seguridad, preguntándose de dónde pude haber salido y porqué todos no son así como yo. Llego y le digo “oye hijita, no quiero tus frunas, te lo regalo”. La niñita no me ha escuchado bien, hay fuerte bullicio, pero con voz temblorosa y echando una mano a su bolsillo para sujetar su dinero me reclama: “PERO SEÑOR YO SE ÑO VENDÍ... YO SE LO VENDÍ”. “SÍ ME LO VENDISTE... PERO TE LO REGALO... y vamos!, quédate con esto para mañana si? “, le digo y dejo su caja en sus manos y le pregunto cómo se llama."¡NATALIA PILINKO! ...señor " me responde muy alegre, y esta vez sí pude retornar satisfecho. Fue el más feliz momento vivido en esa visita por el Perú.
Dos semanas después, antes de volar de retorno hacia este archipiélago, decidí ir a despedirme de Natalia. No me fue difícil encontrarla, estaba allí, con la misma vestimenta y ofreciendo sus dulces dentro de su "territorio " , en esa selva inhumana. Cuando me vio se llenó de alegría . "¡HOLA NATALIA... HE VENIDO A DESPEDIRME, YA NO NOS VEREMOS NUNCA MÁS, NUNCA MÁS NATALIA, CUIDATE MUCHO ¿YÁ?”, le dije cerrando mis ojos por mi inmensa pena e infinita rabia. La abrasé un instante y saqué varias monedas de mi bolsillo y se los puse en sus manos y la vi por última vez . Su mirada entristeció, iba a decirme algo pero ya no pudo, sus ojos se empezaron a llenar de lágrimas igual que los míos. No pude más, allí la dejé, junto al resto de su edad que luchan por sobrevivir en las calles. Son los que no tienen ni infancia ni niñez. Natalia y todos ellos, a pesar de todo lo que puedan decir, continúan representando a ese verdadero rostro del Perú de nuestros días. Por ello, cuando vayas de visita por tu país, NO TE OLVIDES NUNCA DE HACER UN ACTO DE CARIDAD POR LOS QUE NADA TIENEN EN ESTE MUNDO. (Testimonio de Lizardo Liza, extraído de ensayo en preparación titulado: ASALTO AL CIELO. Autor: Yván Ramírez Rodríguez)
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