Están perfectamente uniformados,con la mirada al frente y esperan la orden. LLevan puesto correctamente el casco , cinturón de seguridad, zapatos con punta de acero, anteojos, y otros accesorios. Segundos después, se hace presente en el estrado el estado mayor, o mejor dicho, el mando responsable de la obra y se dá inicio entonces al "chorei"( el planeamiento del trabajo del día), que se inicia con unos ejercicios de calentamiento al son la música "taiso". Este calentamiento dura apenas unos minutos y luego un mando subalterno sale al frente y saluda al batallón y dá inicio al ritual casi militar diríamos.

Luego, llega el momento de reportarse y así, cada columna tiene un representante que saldrá a exponer en un minuto, todo cuanto su escuadra desarrollará en el día, informando también el número de operarios programados en el día. Pasado este reporte, toca el turno al "kantoku" ( el responsable general o mayor ), informar al detalle la fase del desarrollo en que se encuentra la edificación de acuerdo al calendario, que incluye también la evaluación del tiempo en el día y sus implicancias en la seguridad del conjunto.Los dias de lluvia o la época de los "tayfus" son de extremo cuidado.Mientras este informe acontece y todo el mundo escucha en absoluto silencio, los subalternos del kantoku pasan minuciosa revista al conjunto del batallón en pleno.

Todo tiene que estar perfecto en orden. A nadie tiene que faltarle nada porque ello, constituiría indisciplina y se sanciona en el acto con la expulsión del infractor y la llamada de atención a su responsable. Esta ley está escrita en el reglamento y se cumple como tal con la mas absoluta naturalidad. El orden, la disciplina y la seguridad son parte de la vida de los japoneses y todo esto -como bién lo sabemos -, viene desde su tradición cultural y desde la misma escuela. La primera vez que tuvimos la oportunidad de vivir esta experiencia ya hace muchos años, nos pareció como si hubiésemos vuelto a un cuartel militar a cumplir con nuestro servicio obligatorio.

Luego, los que recién se incorporan a la obra, son llamados a salir al frente uno por uno y a paso ligero para en voz alta, dar el nombre de su compañia, el suyo, y con la venia conocida ( inclinándose lévemente), terminar diciendo en voz alta ¡¡YOROSHIKU ONEGAISHIMASU!! (¡¡mucho gusto en conocerlos!!). Y cuando esto se escucha, el batallón responde con un aplauso cortísimo de bienvenida al quién recién se incorpora a la obra.

Finalmente, un subalterno del kantoku se emplaza al pie de un panel o letrero en donde están escritos consignas alusivas a la disciplina, la seguridad y el orden, y procede a leer en voz alta, uno a uno las sentencias a cumplirse y que todos tienen que repetir con marcial voz. Luego,lo último que se escucha de este rito es cuando el KANTOKU, levantando el brazo y haciendo puño agita la orden final ¡¡KYO MO ICHI NICHI ...GAMBARU!!.(hoy también haremos un buén trabajo)....¡¡¡GAMBARU!! ( ¡¡así lo haremos!!) responde marcialmente toda la legión humana.
Luego, cada columna se dirige a su lugar de operación, o mejor dicho, a su puesto de labor en donde, con una reunión corta se ultiman los detalles del trabajo del día.El control del cumplimiento estricto de las reglas de seguridad se hacen con cámaras ocultas de video en algunas construcciones como es el caso de los rascacielos en Tokyo, Osaka, y en cualquier lugar de este país. Nadie puede tener la osadia de estar siquiera unos segundos sin el casco de seguridad (anzen herumeto), estar caminando por lugares prohibidos por donde operan las máquinas pesadas como las grúas, no llevar puesto correctamente el distintivo o fotochek, no usar el cinturón de seguridad, ó, estar hablando utilizando un celular en lugares prohibidos.

Todo esto sucede cada mañana, durante quince minutos o más dentro del perímetro de una obra cualquiera que se eleva.Allí dentro, todos los uniformados que trabajan saben de sus deberes. Cuando uno está allí formando parte de esa legión y cumpliendo ese rito sagrado y piensa en su país, inmediatamente vuelan nuestros sueños pensando en que si en algún día todo esto podrá implantarse en nuestros países de origen para acabar para siempre con el desorden y la anarquía reinantes.
Aquí en Japón se aplica esta disciplina de manera vertical en el trabajo ya que se valora la vida por sobre todas las cosas ante un eventual peligro.Y tiene que ser así de vertical, como verticales tendrian que ser las medidas diversas a implantarse en nuestros paises para barrer y extirpar de raiz el desorden, la inmoralidad, el robo y la corrupción dentro del poder, y mil enfermedades más que aquejan a nuestras sociedades. Muchos -entre sociólogos y antropólogos- que han viajado casi por todo el mundo y han visto cómo se trabaja en cada lugar y llegan a este país, señalan de que sólo en aquí en Japón ocurre todo esto que acabamos de describir.
Al final, estos estudiosos se van tremendamente asombrados y convencidos de cómo funciona un país cuando cultiva una disciplina así. Disciplina, que en nuestro caso,como parte de nuestro trabajo, lo vivimos a diario y, llevamos trabajando alternativas para un próximo encuentro en donde hemos de exponer algunas ideas más.
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