A este tipo de trabajo se le conoce como el del DOMAYA SAN (el planchador de pisos), y su particularidad radica en qué, durante el verano, aparte de laborar a sol abierto y bajo los 35 o 39 grados de calor, este hombre sólo toma una única y buena ración de alimento u "obento" por la mañana, eso es lo único que nesecita y no más. Después de ello, empieza su trabajo sin detenerse, sin los "kyukes" de quince minutos que todo el mundo tiene porque el sol violentamente el concreto que se esparce sobre el piso. En estas condiciones, este trabajador solo tiene tiempo de algunos segundos, en cualquier momento, cuando sienta de que esta a punto de "estallar" y necesita entonces tragar o beber un chorro de agua helada. Así su labor recién concluye entre las cuatro o cinco de la tarde o más, dependiendo el tipo de piso de la edificación. Una vez cumplido esta tarea, recién viene diríamos, la cena al retornar al "ryokan" donde se aloja o al tradicional apato, para luego ir al descanso y salir al día siguiente a otra "gemba" que espera y está en otra lugar.

¿Cómo ?... ¿ y el almuerzo?... quizás se pregunte usted acostumbrado a comer a sus horas y trabajar bajo techo y con aire acondicionado y siesta incluida de algunos minutos. Aunque usted no lo crea, este tipo de trabajo con todo lo descrito existe en este archipiélago y quizás no haya otro parecido.
Y ha estos trabajadores podriamos llamarlos con toda justicia, "hombres de hierro" por más de una razón. Quisimos saber más de ellos, y por eso nos sumergimos por un día en su mundo laboral aquí en Kyushu, con la finalidad de escucharlos acerca de lo que hacen por este Japón de hoy, en tanto las noticias por la televisión nos hablan en estas horas de qué, ya son más de trecientas personas fallecidas en todo el país a raiz del intenso calor en este verano. Esta crónica nos acerca un poco más a este oficio en el cual laboran muchísimos compatriotas latinos junto a los nativos de este país.

"El concreto que se vacía a sol abierto durante el verano se seca violentamente y no te dá tiempo para nada. Para pulir y planchar el piso y entregar la obra a la perfección, tienes que prepararte bién. Cada dia del verano es como una contienda contra el sol. Si ganas, es porque todo salió bién; y si pierdes, es porque la temperatura te ganó y se te averió alguna parte del piso y ya no lo pudiste planchar y eso se tiene que reparar y cuesta, o mejor dicho, ese dia no te pagan", nos empieza contando Nicolás Vicente (foto de arriba), un compatriota peruano que ha viajado casi por todo Japón en sus yá quince años de oficio.
Los vehículos que nos llevan a la "gemba" llega a su destino después de tres horas y media de viaje. Hoy hemos salido a las cuatro de la mañana desde Fukuoka y el calor de Miyazaki ken nos recibe con 31 grados. Para el medio día se escucha por la radio, subirá hasta los 38 grados. Los dos vehículos de trabajo antes se ha detenido en un "combini", y allí los diez operarios han tomado su única ración de comida del día. Este acto dura escasos ocho minutos y los cinco grandes termos de agua con capacidad para diez litros cada uno, se llenan de agua mineral y mucho hielo que se ha de beber durante la faena. Así enrumbamos al centro de operacion, un complejo industrial nuevo cerca al mar. Termina el "chorei" y los ejercicios , son las ocho y media de la mañana, el Kantoku responsable de la obra hace las últimas recomendaciones para tener extremo cuidado con el calor que habrá hoy. Reitera de que se tiene que dejar de trabajar y tomar un descanso si alguien sufre mareo intenpestivo. Tiene razón, eso es ley del trabajo, pero para el Domaya san, cumplir esto le será más que imposible. Así se inicia la jornada y empieza el bombeo del concreto mientras las máquinas de pulir el piso y demás herramientas, ya están colocadas en los lugares estratégicos. Hoy son mil docientos metros cuadrados que tendrán que ser planchados y pulidos por este grupo humano.

Son las diez de la mañana y entonces los primeros cien metros ya llenados desde muy temprano, empiezan a ser trabajados con las "puraperas" (motores cuyos hélices giran sobre el piso). El sol ya empezó a secar el concreto y esta es una lucha así de simple: entre la fuerza humana y el sol. Así llega el medio día y son ahora casi quinientos metros de extensión lo cubierto con el concreto, como es de suponer, la primera etapa dura ha sido en "jalar" y esparcir con unos azadones la pesada mezcla de concreto que fluye del camión del "Pompuya san. Hay un intervalo de una hora de descanso, hasta la una de la tarde, y los encargados del bombeo y los que manejan las barburetas para esparcir la mezcla -que no forman parte del grupo de los domayas-, se ha ido ha almorzar. Sólo quedan ahora los domayas en acción con sus motores, para esta hora ya los primeros docientos metros están pulidos y concluidos. La temperatura ya está en su tope y Nicolás Vicente empieza entonces a trabajar conel "lobotu", un móvil que gira dos hélices para pulir más rápido el piso mientras el resto, cada uno con su máquina hace lo suyo. El calor arrecia y cada uno se detiene por unos segundos para beber agua . Justo Felix , otro compatriota presente, es el que más está sintiendo la pegada de la temperatura y bebe en abundancia e intervalos seguidos."¡Oiga usted periodista... escríbalo bién claro de que este trabajo es para hombres de hierro"!, nos grita muy fuerte y extenuado. Los japoneses que está cerca a él han volteado sorpendidos, pero es que hoy él está muy feliz con nuestra presencia ya que es la primera vez que la prensa en español aquí en Japón llega hasta Miyazaki Ken donde trabaja ahora.

" ¡Si tu almuerzas no podrias trabajar!...¡se te viene una sensación de estorbo dentro del estómago!... ¡en este trabajo está prohibido almorzar porque el secado del concreto gradual no te dá tiempo para nada!, exclama de otro lado Nicolás Vicente. " Y cuando tomas el agua sientes como si un trozo de hielo molido llegara hasta tu esófago, allí sientes que se detiene y que te refresca por un momento, luego el cuerpo nuevamente se calienta y otra vez tienes que meterle agua, el cuerpo se parace a un motor de carro", agrega subrrayando de que el hambre se le vá de la mente al medio dia por la misma preocupación de que el calor no tiene que ganarte y de que el producto final tiene que ser presentado impecable.
Así se reinicia la faena a la una de la tarde, todos se reincorporan recargados de fuerza por el alimento tomado mientras los diez domayas continuan trabajando de largo, sin parar y ahora, se dividen en dos grupos: los que esparcirán y nivelarán el resto de concreto a echarse, y los que continuarán con las máquinas. Son ya casi quinientos metros cuadrados lo terminado y expedito y continua la brega mientras nosotros, aparte de tener nuestra cámara en mano, y gracias a nuestra experiencia en este rubro, hemos tomado también nuestra posta para ayudarlos en este dueloen este duelo .

Tres y media de la tarde, los camiones que traían el concreto ha llegado en fila y falta muy poco para cubrir toda la extensión y retirarse. Como hemos referido lineas arriba, lo más fuerte de este trabajo es el momento que en se tiene que esparcir con unos azadones la descarga del concreto desde la manguera que opera el POMPIA SAN (los encargados del bombeo). Para esto se necesita tremendo esfuerzo físico que el grupo de domayas ha derrochado y ahora se puede ver en sus rostros algo de tranquilidad porque esta etapa ya se terminó
Para estas horas la temperatura está en su pico más alto. Por momentos algunas "puraperas"se detienen para recargarse de gasolina y continuar. Todo el grupo humano está pasando una prueba más, es un día más de trabajo, un duelo frente al calor, un deber por cumplirse. Estoy registrando algunas escenas finales cuando suena mi celular. Es un amigo, también DOMAYA SAN, quién desde Nagoya me llama para decirme de que hoy se han desmayado dos de su grupo por los 39 grados de temperatura, "Felizmente en este més muere este verano", dice y me recuerda de que lo visite pronto.
Cinco de la tarde, aunque parezca mentira, todos los mil docientos metros cuadrados de piso estan ya casi pulidos. Todo se secó violentamente por la tarde, hubo momentos en que se necesitó de agua para rocear y ayudar a la máquina a facilitar el terminado final. Todo está impecable pero tan caliente, que hasta se puede freir huevos sobre la superficie que quema como una sartén sobre la cocina. Sólo faltan unos cincuenta metros cuadrados que en media hora más se le dará el mate final y a regresar a Fukuoka.
Todos están satisfechos del deber cumplido, fueron diez horas de trabajo ininterrumpido.No pasó nada hoy, nunca se sabe cuando caerá alguien , nadie sufrió revés alguno. Es hora del regreso, y estamos buscando un instante para preguntarle a nuestro compatriota Nicolás Vicente cómo se siente aquí en Japón después de tantos años en este oficio." Todos tenemos una manera de ver, de sentir, de agradecer a este país por todo lo que te permite hacer. No sólo puedes trabajar, sino tienes esa posibilidad de aprender un oficio como este y que algún dia te servirá para retos mayores", nos dice terminante. No hay para más, empieza a oscurecer y los carros ahora sí arrancan motores de vuelta a casa. Mañana será otro día de trabajo, en otro lugar, y será un desafío más al infernal verano en este país. Los robots aún tardarán en crearse y llegar para suplir este esfuerzo sobrehumano. Hoy hemos cumplido con explicarles un poco de quienes son estos hombres de hierro. Aunque usted no lo crea.
Desde Fukuoka Ken, Japón, en el reporte para todo el mundo: Yván RAMIREZ RODRIGUEZ.
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