Somos testigos de cómo ese espíritu de acero, ese temple de samurais y kamikazes de su pasado glorioso, de pronto se ha despertado dentro del ser de cada nativo de estas islas. Sí, y lejos de sumirse en la desesperanza y confusión total, lo que vemos en estas horas no es sinó, una especie de CADENA DE SOLIDARIDAD AL ROJO VIVO que crece, que se ajiganta y se nutre de ese sufrimiento por los miles de fallecidos, de ese llanto de esos niños que siguen buscando a sus padres dentro de los escombros.


Sí, y todo esto, se amalgama y funde al rojo vivo y se irradia y nos contagia, en ese optimismo total que se refleja en el rostro de los soldados de a pié. Sí, en el rostro de quienes proclaman las arengas de amor por los que esperan ayuda y amor por su país, y que luego reciben la ayuda del transeunte.


Sepan nuestros hermanos japoneses, que amamos a su país desde el día siguiente que pisamos esta tierra. Sepan ellos que su dolor es también nuestro dolor. Sepan ellos de que aquí estamos, contagiados de esa bravura y mística para acompañarlos en estas horas. Sepan ellos de que esto recién empieza para nosotros. Hoy estuvimos en el corazón de Osaka y de esto fuimos testigos: |