Sí, y la flor de la sakura no sólo transmite su magia, su encanto, su perfume y belleza incomparable desde hace siglos y siglos en este país, sinó que también, está presente en el pasado reciente de este Japón. Está escrito en la historia de cómo los pilotos KAMIKAZES al abordar sus aviones durante la segunda guerra mundial, eran despedidos por sus esposas con ramilletes de flores de sakura. Ellas sabián de que no volverían a verlos más después de estrellar sus naves contra los barcos del enemigo, y entonces,tras la inmolación de estos guerreros, venía la mayor recompensa para sus familiares. Y esto ocurría durante cada año en la estación de primavera. Las viudas visitaban los parques acompañados de su familia en busca de ver a sus esposos reencarnados en cada flor de sakura. Así se convirtió esta flor en un símbolo nacional de Japón, y así como los KAMIKAZES de ayer, hoy después de esta tragedia que enluta el Japón entero, no podemos dejar de recordar a MIKI ENDO, la joven heroína japonesa de 25 años de edad, quién se inmolaría como uno de esos valientes guerreros de su estirpe en defensa de la vida de miles. Dicen que ese tarde del 11 de Marzo pasado tras el terremoto, ella cogió un altavoz y parapetada en una cabina en su pueblo de Minamisanriku, empezó a gritar con todas sus fuerzas pidiendo a todos que huyan a las partes altas para salvarse del tsunami que venía. No retrocedió para nada, no se calló un sólo instante, no se quebró de pánico ni tembló ante la muerte que se le venía. Sí, y sólo se calló cuando el tsunami la envolvió para llevársela al infinito. MIKI ENDO le presentó batalla al tsunami .Se enfrentó enfurecida, con todas sus fuerzas, y sacrificó su existencia por la de miles de vidas. Es decir,murió gritando, se inmoló para salvar 7,000 vidas humanas allá en su pueblo.
Así como los familiares de los kamikazes en el pasado, así quiero estar hoy confundido con la mochedumbre para observar a MIKI ENDO reencarnada en cada flor. Hoy es el último día, pero hoy somos distintos . Sí, el terremoto y la posterior tragedia nos cambió la vida por completo. Nuestro amor por este país y su cultura y sus símbolos y el dolor por los desaparecidos y muertos, todo y todo, ahora lo hacemos nuestro.Mil reflexiones saltan a mi memoria pero ya he llegado y es la hora cero.
Se escucha el anuncio, estoy en Osaka, el tren se va a detener, preparo mi cámara, me aseguro que nada me vaya a faltar, muchos que bajan conmigo van con el mismo destino mío, pués llevan modernísimos equipos fotográficos. Dejo el shinkansen y ahora, un "norikae" más por cinco minutos y yá estaré. Así sucede, es Sakuranomiya, se abren las puertas del tren y un mar humano aprisiona mi paso. Haciendo lo imposible me libro y ha correr para ganar tiempo.Cruzo por el único puente de acceso y veo cómo los pétalos de esta flor que caen con el viento van cubriendo las las aguas del río Mukogawa.
Así llegó y ahora sí, sólo tendré una sóla oportunidad por donde pase para registrarlo todo. Es difícil dar media vuelta, es imposible, no está permitido. En una esquina ingresando nomás, hay un kiosko de la Casa de la Moneda en donde se venden replicas de las monedas con representación de esta flor sagrada.Hay réplicas en cobre, plata y oro con sus respectivos precios que el público adquiere en tanto yó, registro al vuelo, hasta el saludo último de la dama que atiende.Estoy feliz, he salido airoso de esta primera prueba.Que venga el resto.
Sigo el curso del gentío, es una mochedumbre tomando miles y miles de fotos en un segundo. Y todo ocurre en perfecto orden. Nadie grita ni empuja o pone un sólo paso dentro de la frontera de tierra de cada árbol. Ello está sobreentendido. La policía por sus altavoces, recuerda no detenerse más de 30 segundos ante los árboles de sakura.Todo el mundo observa y se acerca con delicadesa, hasta donde es posible,para retratar una y otra y otra vez más, a esta flor en sus tres colores. Nadie queda conforme pero tienen que avanzar.Todos quieren la mejor foto, y todos quieren una sóla instantánea al medio de esta flor para inmortalizar este momento. Yo también quiero ese recuerdo, pero una vez más tendré que desistir y olvidarme. Éste es el último día y tengo que coronarlo a mi manera para que el mundo sepa de esta religiosidad que lleva impresa un mensaje explícito para todos los habitantes de la tierra: el amor y respeto a la naturaleza que hay que hacer ley vertical en esta horas.Tengo que multiplicarme, viro a la derecha y la izquierda, en algunos momentos, surcando en zig zag en medio del gentío para tratar de registrarlo todo y todo. Así ocurre, estoy cosechando lo más espectacular de esta festividad, de este acto religioso de contemplación de esta flor que data de siglos y siglos en este país. Y aunque parezca mentira,las damas japonesas parecieran estar allí donde el lente de mi cámara voltea contra el tiempo. Así transcurren los minutos y de pronto, me doy cuenta que estoy cerca a la salida y una especie de nostalgia y tristeza me invade. Faltó tiempo para muchísimo más, para describir flor por flor por su color y variedad y antiguedad pero todo está consumado. Avanzo y ahora, a un costado , observo las alcancillas que aguardan para que los feligreses depositen sus monedas de ayuda para los danificados que allá en la zona del desastre esperan.Todos, antes de salir, dan su aporte de solidaridad. A mi turno, le pregunto a uno de los encargados de los "bokinryoku":¿HAY FUERZA PARA RECONSTRUIR JAPÓN?...y él me contesta "¡CHIKARA ARIMASU...KANARAZU KACHIMASU !!!", grita marcialmente.
Así cae la tarde, y así llega el fin esta peregrinación a este santuario de la sakura en esta primavera que ya se despide de nosotros.Hoy estuve confundido dentro de miles y miles de flores y sintiendo ese perfume suave que emanaban al paso de la mochedumbre, e imaginando por momentos, del cómo podríamos hacer para plantar y multiplicar estas plantas en nuestros países. Japón es la meca de la modernidad tecnológica, sí, pero también, es la meca de una cultura antiquísima que sigue vigente en la vida de sus habitantes, y que sobre todo, cultiva y se rige por unos valores morales que el mundo entero admira. Y esto está presente hasta en la misma existencia de esta flor de sakura, cuyos árboles más antiguos tienen una antiguedad de 2,000 mil años.Cómo quisiéramos que todo esto se cultivase mañana mismo en nuestros países. Cómo quisiéramos que todas las potencias tecnológicas restantes amaran y cuidaran a la naturaleza como lo hacen los habitantes de este Japón de hoy. Muchas cosas por reflexionar, nuestra mente se llena de mil sueños y mil ideales, pero al salir de este santuario, siento haber cumplido con lo que me propuse hoy muy temprano cuando salí desde Hiroshima Ken. Ahora, yá afuera y caminando a unos metros, unos jóvenes me preguntan por mi país de orígen mientras disfrutan también por última vez en este año, de todo el paisaje y se despiden con la señal de la "victoria", que es lo que veremos cuando este pueblo se recupere de esta tragedia. Así será sin duda alguna, y las flores de sakura arrasadas, también volverán a florecer como antes durante cada primavera.
( YVAN RAMIREZ RODRIGUEZ, KANSAI, ABRIL, 2011) |