-¿Me estás diciendo de que ahora por estar en Japón te haz vuelto ateos como ellos? ¡No entiendo!...¿El dinero te ha cambiado acaso? ¿Cual es tu tesis?, me preguntan incisivamente. Estoy ante un auditorio de internautas y a travez del video-conferencia. Son jóvenes a punto de gradurase de periodistas y entonces es necesario exigirlos más en nuestra respuesta.
"En primer lugar y les repondo por lo último, Japón como ya se ha dicho y ahora lo reafirmo, no es el lugar donde se puede ganar dinero en abundancia, y no es que seamos "millonarios" que nos camuflamos de pobres y gustamos emplear este tipo de lenguaje para ocultar nuestra riqueza. Nó . Ni tampoco vivimos aquí gozando de toda la tecnología que se divulga al mundo entero dentro de nuestra casa. Tampoco es así, y porque el altísimo costo de vida impone sus reglas para cada quién.
Sin embargo y esta es la tesis, la otra riqueza que hemos encontrado y que tiene el mismo o más valor que el propio dinero, es la cultura de este país. Y dentro de ella, está su religión sintotista que como saben, tiene por Dios a toda la naturaleza, y por lo tanto, en el transcurso del tiempo le corresponde a cada animal encarnarlo irradiando sus poderes para que los humanos seamos buenos guardianes de ellos mismos y vivamos entre nosotros en paz y armonía.
Un ejemplo, Japón es hoy él único país en el planeta dentro del grupo de las potencias mundiales, que más ayuda para preservar la naturaleza donando muchísimo dinero para este fin en una infinidad de proyectos diversos. Me pregunto ¿está bién que este país continue con esa política? La respuesta es afirmativa tanto en mí como en ustedes con toda seguridad.
Aquí en Japón es imposible ver un animal vagabundo muriéndose en la calle. Peor, presenciar a alguien talar arboles indiscriminadamente en una montaña, ó, lavar una herramienta de trabajo en el mar. Y a esto último queria llegar, trabajando en el pulido de pisos dentro de una fábrica cerca al mar ya hace muchos años, terminada la jornada, llegó la hora de lavar las herramientas y como el lavadero quedaba muy lejos y estando ya a oscuras, se me ocurrió llevarlo mejor al costado de donde se encontraba nuestro carro de trabajo, con cargo a lavarlo nuevamente en casa por el problema de la sal. Cerca a unos metros, había una inmensa muralla de tetrapotas (bloques de concreto), que era la frontera con el mar y por donde de día la gente llegar a pescar. A esa hora, no había nadie y entonces estaba trasladando en un balde los badilejos y cepillo metálico cuando el jefe me vió y me llamó la atención: ¡NO PUEDES LAVAR ALLÍ PORQUE ENVENENARÁS EL AGUA Y LOS PECES SE MORIRAN! , me dijo y no tuve más que caminar veinte minutos para terminar la jornada y regresar. Y era un invierno como ahora, y la exigencia y enfado del jefe me pareció ridículo e insignificante en un primer momento, pero luego reflexioné y comprendí de que estaba en su razón y porque todo partía de su criterio religioso sintoista.
Ya regresando me puse a pensar de cómo seria el mundo si todos pensaran como los japoneses, igual como mi jefe, y también, pensando de cómo esas otras potencias envenenan indiscriminadamente el mar con sus industrias y experimentos de carácter bélico y nadie les dice nada. Y los representantes de esas potencias dicen tener un dios, se dicen ser cristianos, pero sus actos lo reprueban y condenan y señalan como verdaderos ateos sin dios, ni sensibilidad ni nada. Esto es casi un testimonio pero aleccionante para decir hora de que este año del conejo aquí en Japón significa mucho también para nosotros. La sensibilidad humana lo sentimos, lo vemos en nuestra vida cotidiana aquí en toda su pureza y eso esta bién, y quisiéramos que dure por siempre".
-¿Y ustedes también van a los templos a pedir deseos al conejo?
"Bueno, tengo que acompañar a mi esposa y toda la familia ...es la tradición religiosa de ellos".
-¿Y yo le puedo pedir un deseo al conejo en su año desde aquí?, dice Juliana que ahora practica en una televisora de Lima como reportera.
"Por supuesto que sí".
-¡Quiero conocer Japón algun día para ver cómo se adora y respeta la naturaleza y para no deshumanizarnos, y también, para ver a los conejos vestidos de kimono!, responde y el auditorio se suma al pedido y termina nuestro diálogo. Otro amigo desde Australia nos hace una señal para ingresar y conversar. Está en línea esperándonos.
"Hasta cualquier momento amigos y disfruten el verano sin botar la basura en la playa", les digo y ahora sí nos vamos a Australia.
Desde Kansai, Japón, para todo el mundo en el reporte: Yván RAMIREZ RODRIGUEZ.
Foto: cienporcienguapa.com
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